Mi Universar

lunes, 15 de septiembre de 2014

La leyenda del cura y el árbol


En Palermo hay una casa donde alguna vez salió
un árbol por la ventana buscando a su protector.

Según cuenta la leyenda un cura llamado Andrés
se hizo cargo de una iglesia que esperaba componer.

Este cura aprovechó la amistad de unos vecinos
y pudo así instalarse en la casa de los mismos.

Estaba frente a la iglesia cruzando una avenida
la ventana de su cuarto muy buena luz recibía.

Para ambientar la parroquia un ficus le regalaron
lo llevó para su casa hasta poder trasladarlo.

En su habitación notó que el piso tenía un hueco
y allí con sus propias manos lo plantó en un macetero.

Cuidó mucho de su planta la regaba cada día
el ambiente era agradable la planta feliz crecía.

Mientras tanto el padre Andrés luchaba por terminar
la obra para su iglesia que tanto se hacía esperar.

Un día como cualquiera le informan su transferencia
a un pueblo del interior y él le presta obediencia.

El día de su partida el cura se despidió
de la planta que quería y que tanto protegió.

Según cuenta la leyenda el ficus no soportó
la amargura por su ausencia y en árbol se convirtió.

Se coló por la ventana para contemplar la iglesia
esperando inútilmente hasta que el padre volviera.

Por desgracia no hace mucho el dueño ordenó cortar
todas las ramas del árbol que se cansó de esperar.

Luego cerró las ventanas de la gran habitación
donde vivió el Padre Andrés quien nunca más regresó.

La leyenda nos recuerda que la vida se abre paso
con gran determinación a pesar de los obstáculos.

Ruben Edgardo Sánchez, 14 de septiembre de 2014


En Buenos Aires, en la avenida Scalabrini Ortiz 1353, hay una casa de cuya ventana salía un árbol, cuyas ramas, en perfecto estado, se elevaban buscando la luz exterior. Frente a esa casa, cruzando la avenida, se encuentra la parroquia del Perpetuo Socorro, una iglesia de obra inconclusa que, por razones presupuestarias o de otra índole nunca llegó a completarse. Aún así al día de hoy continúa dictándose misa.