Mi Universar

miércoles, 27 de abril de 2016

Desocupados


Alejo García se levantó muy temprano esa mañana, antes de que despuntara el alba. Se dirigió hacia su lugar de trabajo habitual -con su campera al hombro- con la esperanza de que tal vez pudiera hacer alguna hora extra ese día y así poder comprarle a su hijo aquel libro que necesitaba para llevar a la escuela.

Las cuadras que separaban su hogar de la fábrica no eran muchas pero su cansancio le hacía el trayecto interminable.

Seguramente, al cruzar la avenida, encontraría a Camilo Fuentes aguardándolo en la esquina como todas las mañanas. Su fiel amigo y compañero venía de más lejos y tenía que viajar en colectivo. Sin embargo, ya había pasado la hora en que solían encontrarse y Camilo no estaba.

Alejo decidió, entonces, encaminarse solo hacia su trabajo pues no deseaba que el capataz le recriminase su llegada tarde.

Cuando llegó a la entrada y fue a buscar su tarjeta no la encontró pero, en cambio, había un mensaje que decía: "Diríjase a la oficina de personal". Hacia allí fue, muy preocupado, intuyendo que algo malo pasaba.

Al llegar, el encargado le informó que la empresa había decidido despedirlo, junto con otros doscientos obreros, pues la producción había mermado notoriamente en las últimas semanas y caería aún más en poco tiempo.

Alejo se apartó tristemente del lugar. Antes de llegar a la esquina echó un último vistazo a la fábrica y se sintió más solo que nunca.

Ruben Edgardo Sánchez, 16 de septiembre de 1991

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