Mi Universar

viernes, 29 de julio de 2016

Carta póstuma del Dr. René Favaloro


Yo no puedo a esta edad terminar con los valores
que recibí de mis padres maestros y profesores.
Me resulta muy difícil y ya no puedo cambiar
desaparecer prefiero en lugar de claudicar.

Escribió Joaquín González una lección de optimismo
que gentil nos entregaba al nosotros recibirnos.
Él nos decía: “A mí, no me ha derrotado nadie”
no puedo decir lo mismo aunque pretenda emularle.

A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta
que todo lo condiciona de una manera absoluta.
El pecado capital que tal vez he cometido
fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos más críticos.

Sociedad del privilegio en donde muy pocos gozan 
mientras la gran mayoría en la miseria reposa.
Y en la deseperación de tanta gente sufrida
pues esto no se perdona al contrario se castiga.

Yo me consuelo al haber atendido a mis pacientes
sin ninguna distinción que los haga diferentes.
Hace ya unos cuantos años que mis colaboradores 
saben de la inclinación que yo tengo por los pobres.

Muy cansado de luchar galopando contra el viento
hoy ya no puedo cambiar la vida ni el sufrimiento.
Estoy cansado les cuento de recibir homenajes
y elogios de todo tipo y de todos los lugares.

Hace días fui incluido en un grupo especial
las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular.
El año pasado entonces yo tuve que visitar
países de los más diversos y lo mismo escuchar.

Cierta vez me presentaron en un acto académico 
como a un hombre bueno que aún sigue siendo un médico.
Perdónenme pero creo que esto que han dicho es cierto
que me recuerden así es lo que tanto espero.

No fue una decisión fácil aunque sí fue meditada
no se hable de valentía de debilidad ni nada.
Los cirujanos vivimos cada día con la muerte
con ella voy de la mano me despido hasta siempre.

Ruben Edgardo Sánchez, 29 de julio de 2016