Mi Universar

domingo, 17 de abril de 2016

Gatos de nadie I


Dos jóvenes gatas reinan en la casa
manchada la una marrón negra y blanca
muy negra la otra con sus ojos verdes
un gato jaspeado grande y cariñoso
verano caliente encuentro amoroso.

Lar abandonado la cuna apropiada
tras parir las gatas crías separadas
son cuatro negritos de la negra madre
un blanquito y negro dos café con leche
otro gris y blanco los de la manchada.

Maderos escombros hierros vidrio polvo
azoteas techos son su territorio
a los pocos días vemos los manchados
de los cuatro negros sólo tres quedaron
el cuarto quién sabe qué cielo lo ampara.

Es hora de leche de madre muy tibia
la manchada es fuerte robustas sus crías
los negritos tienen ojos muy pequeños
más tarde se juntan manchados y negros
las dos gatas madres la familia en pleno.

Corretean juegan cuando cae la tarde
la manchada pide su ración de carne
los demás esperan saciarse en su madre
la negrita mira con ojos profundos
su leche no es buena no nutre a los suyos.

Se acerca el otoño la fronda se mece
los vientos del este soplan como peste
cae un aguacero y sin protegerse
juntitos quedaron a la intemperie
un negrito llora su empapada suerte.

El gris que aparece solo y extraviado
no acepta mi ayuda porque está asustado
lucha como un toro se ve acorralado
nocturna odisea persiguiendo al gato
entre las pensiones de este vecindario.

Finalmente encuentra su camino a casa
nosotros felices le arrojamos carne
con luz de linterna espiamos su hambre
hambre de cobijo hambre de cariño
de regreso el gato de regreso el niño.

Al cabo de un tiempo la ración aumenta
para nueve bocas carne de alimento
bocado a bocado casi todos comen
unos buscan carne y otros pezones
los más pequeñitos porque son mamones.

Desde la ventana como cada día
cuando cazadores su instinto se activa
a las siete en punto cuando el sol se esconde
la presa es carnaza de nylon vestida
que cae de los cielos del barrio de flores.

Carne roja al vuelo que caerá de golpe
se abrirá en pedazos formarán la rueda
gatos comensales que a la mesa esperan
un bocado y giran pronto sus cabezas
hacia esta ventana que puso su mesa.

Así dan las gracias estos gatos buenos
ojitos saltones bigotes y pelos
colitas paradas que muestran consuelo
se nos llena el alma de un sabor ameno
crezcan pronto tiernos se acerca el mal tiempo.

Ya vendrá el invierno y con él el frío
ya serán más grandes no serán tan niños
tal vez otras gentes cuidarán su nido
nosotros deseamos prolongar sus vidas
por un tiempo apenas habremos vencido.

Son gatos salvajes dueños de su vida
son gatos de nadie ni de quien los cuida
libertad les sobra pero no comida
gracia denegada gracia recibida
qué placer nos causa ver crecer la vida.

Ruben Edgardo Sánchez, 19 de marzo de 1994