Mi Universar

viernes, 28 de noviembre de 2014

Disnea


A veces me falta el aire pero no me desespero
algo habitual en mi vida desde que era muy pequeño.

Un broncodilatador llevaba siempre conmigo
inhalaba medicina por una ampolla de vidrio.

Temía que en un descuido el cristal se destruyera
y entonces quedara expuesto a la asfixiante disnea.

La medicina de entonces proscribía los deportes
considerando nociva su práctica día y noche.

Mi vida fue limitada el frío era mi enemigo
sólo salía a la calle si tenía un buen abrigo.

Todo cambió con el tiempo los años fueron pasando
los remedios para el asma y los criterios variaron.

Ya no era necesario restringir los movimientos
podía hacer deportes sin limitar mis esfuerzos.

Medicamentos modernos de ingesta simple y sencilla
me ayudaron a tener mejor calidad de vida.

Liberado de las crisis sin penas ni sobresaltos
fui andando por la vida como cualquier ser humano.

El aire que ahora respiro tan valioso como el agua
oxigena mis pulmones como a las plantas la savia.

Cada hálito de vida que inspiro a cada minuto
me obliga a pensar sin dudas que la existencia es un lujo.

Mucho más que las riquezas el aire que respiramos
es el aliento vital que todos necesitamos.

Ruben Edgardo Sánchez, 8 de enero de 2014